Sobre Tofé

Una saga de herreros

Soy Daniel Tofé y actualmente trabajo en este taller, dando continuidad a una saga de herreros que se remonta, al menos, a seis generaciones.

En Zarratón, la misma pequeña villa de La Rioja donde hoy se encuentra nuestra fragua, Pelayo Tofé ya dejaba en 1881 a su hijo Ceferino una casa con una condición expresa: solo podría utilizarse como fragua.

Una familia dedicada al hierro

A la derecha de la imagen aparece Rufino Tofé, y en la parte izquierda Alejandro, abuelo de Daniel.

La fragua

Rufino, Alejandro y Ramón en la puerta de la que fue el taller familiar durante décadas.

El taller

En esta fotografía aparecen Ramón, Rufino y Daniel. Dos generaciones que trabajaron juntas durante 20 años.

Una familia dedicada al hierro

A la derecha de la imagen aparece Rufino Tofé, y en la parte izquierda Alejandro, abuelo de Daniel.

La fragua

Rufino, Alejandro y Ramón en la puerta de la que fue el taller familiar durante décadas.

El taller

En esta fotografía aparecen Ramón, Rufino y Daniel. Dos generaciones que trabajaron juntas durante 20 años.

La perviviencia de una tradición

En la misma calle, mi abuelo Alejandro, mi padre Rufino y mi tío Ramón siguieron dando vida al metal. Desde niño me fascinaba el fuego de la fragua y el sonido del martillo, y muy joven decidí incorporarme al oficio.

Trabajar codo con codo con ellos me permitió aprender de sus manos y hacer míos esos saberes ancestrales que han viajado en mi familia de generación en generación.

Hoy, en mi taller, mantengo viva esa herencia: un oficio con siglos de historia que se adapta a los retos del siglo XXI para seguir perviviendo.

La fragua Tofé: un ejemplo de resiliencia

Hace décadas, en cada pueblo además de un carpintero, una costurera o un pastor, era imprescindible la figura del herrero. En Zarratón, nuestros antepasados herraban caballos, reparaban aperos y fabricaban objetos cotidianos como aldabas y llaves.

Durante años, la fragua Tofé se especializó en maquinaria agrícola, llegando a tener patentes propias de sembradoras y otros útiles para el campo. Sin embargo, con la llegada de la industrialización y los procesos en serie, hubo que reinventar el oficio, adaptando estas técnicas de forjado a la creación de objetos únicos como lámparas, barandillas, rejas y puertas.